Hay
un movimiento creciente en los últimos años que promueve la intolerancia contra
el sexo opuesto y la superioridad del propio. No solo eso, sino que deja por el
piso del nombre del movimiento feminista que tanto bien le ha hecho a las
mujeres. A este movimiento promovido por un grupo pequeño, pero ruidoso, han
decidido llamarlo “feminazismo”.
Por: Carlos Manuel Delgado Nule
Si algo ha caracterizado
a la humanidad en los siglos XIX, XX y XXI, es la búsqueda de la igualdad en
todo sentido: igualdad en raza, igualdad en orientación sexual, igualdad en
creencia, etc. Uno de estos movimientos en búsqueda de la igualdad es el
feminismo, aquel que comenzó a finales de los años 1800 y posteriormente, en el
siglo XX, logró darle a la mujer los mismos derechos que tenía el hombre. Pero,
como siempre, nos vamos a los extremos. Si las primeras olas del feminismo
lograron, por fin, igualar la balanza entre hombres y mujeres sistemáticamente,
en la actualidad hay un grupo pequeño, pero ruidoso, de feministas que quieren
desnivelar la balanza y que las mujeres gocen de superioridad sobre el sexo
masculino. Los que se oponen a este movimiento, como yo, con un tono medio en
broma, han decidido llamarlas “feminazis”, término que posteriormente sería aceptado
por la RAE, siendo definido como “feminista radicalizada”.
Antes de que me digan
neo-machista opresor, o términos similares, hay que aclarar una cosa: el
machismo, infortunadamente, no ha sido erradicado por completo. Claro, sería
estúpido y grosero negar su existencia, al igual que negar que en la
cotidianidad, son mujeres las que son más afectadas por el abuso doméstico o
sexual. Hay todavía muchos hombres que consideran que son superiores a las
mujeres, principalmente aquellos de mayor edad. Pero, al punto que quiero
llegar, es que, en la actual cultura occidental, no hay ninguna preferencia por
el hombre por parte del sistema. No hay ninguna ley que beneficie más al hombre
que a la mujer, es más, se puede decir que las mujeres tienen más beneficios y
los hombres más obligaciones. El machismo que hay hoy en día lo ejercen individuos
anticuados o maleducados, no lo ejerce el sistema.
Estas llamadas
“feminazis”, siempre están creyendo que ha algo que las oprime. Piensan que
las películas y las series son dirigidas hacia los hombres porque, según ellas,
los personajes principales son solo del sexo masculino, ignorando la gran
cantidad de películas destacadas con protagonistas mujeres como La Mujer Maravilla, Alien: el octavo
pasajero, Kill Bill, Valiente, Gravedad y centenares de otros grandiosos filmes.
Piensan que la publicidad las ofende cuando sale una mujer atractiva en vestido
de baño porque se sienten cosificadas, pero, ignoran que miles de empresas
también presentan centenares de hombres atractivos y sin camiseta para vender
su producto. Piensan que las artistas pop del momento están ahí solo porque son
atractivas, como si Justin Bieber y Maluma están donde están solo por su talento,
que no es que no lo tengan, pero el ser atractivo, ciertamente, ayuda.
Esta radicalización, ha
generado en ellas una especie de odio hacia el sexo masculino, creando
movimientos en redes sociales como “Machete al Machote”, casi que buscando la erradicación
del sexo opuesto. Es tanta la animosidad hacia el sexo masculino que han
desarrollado también una enemistad con toda palabra que termine en “o”. Suena
ridículo, pero, un grupo de estudiantes de la Universidad de Granada, en el año
2017, ha llegado incluso a hacer un “calendario feminista”, en el que se les da
terminación a todos los meses con la letra “a”, es decir: “enera”, “febrera”,
“marza” y así sucesivamente. No les importa pasar por encima del lenguaje y sus
cientos de años de historia, todo porque se sienten ofendidas. Pero, si se
sienten ofendidas incluso cuando un hombre les abre la puerta por respeto, no
sorprende que se sientan atacadas por cosas inanimadas como una palabra.
Ese pequeño grupo de
radicales tiende a referirse a todos los hombres de la misma manera, como si
todos fuéramos violadores y acosadores con el único propósito en la vida de
atacar a las mujeres. Como escribió Alejandra Arévalo, autoproclamada
feminista, para el portal web Medium:
“Porque el problema no es cómo yo reaccione sino cómo ustedes, machos, no han
dejado de hacerlo. Cómo nos violentan, nos tocan sin permiso, nos sexualizan,
nos hacen sentir extrañas en todo lugar y en todo momento”. Se refieren a todos
los hombres como “machos”, como si fuéramos una manada de animales que solo
queremos hacerles el mal. No, no todos queremos hacerles daño.
Para demostrar lo
peligroso que puede ser no solo el “feminazismo”, sino que cualquier extremo,
solo basta ver un video que se hizo viral en enero de 2017, en el que Jenny
McDermott, famosa YouTuber del momento y autoproclamada feminista, dijo: “Estoy
harta de ser una fábrica de bebés que produce más hombres, así que la única
respuesta a eso es matar a los bebés y matar a cualquier hombre que veas en la
calle. Queremos que la especie continúe, pero sólo con mujeres en ella. Así que
eso es lo que tenemos que hacer”. El video fue tan polémico y recibió tantas
críticas que McDermott borró su canal de YouTube. Hay incluso casos más
extremos, como el asesinato a patadas a un hombre que llevaba a un bebé entre
brazos en un asiento de bus por parte de Gabriela López, líder de un movimiento
feminista que sucedió en Ecuador en 2015, solo porque el señor se negó a darle
el asiento. Casos como este son escasos, afortunadamente, pero de igual manera
es inaudito que se presenten por parte de un movimiento que dice expresar
igualdad y justicia.
Lo peor de todo, es que
el mayor daño se lo hacen a las verdaderas feministas. Aquellas que sí
defienden de verdad la equidad de género. Aquellas que se oponen a aquellos que
les tiran piropos soeces en las calles. Aquellas que demuestran con hechos que
tienen las capacidades suficientes para competir codo a codo con los hombres en
cualquier ámbito, no escribiendo en redes sociales qué tan ofendidas están.
Aquellas como Christina Hoff Sommers que a lo largo de su carrera ha ayudado a
derribar el machismo. Las “feminazis” no han hecho más que manchar lo bueno que
ha hecho el verdadero movimiento feminista por las mujeres y se han dedicado a
promover un odio por el otro sexo exactamente igual al que promueve la
misoginia que tanto dicen que están combatiendo. Al final, es la misma cosa,
solo que en el otro extremo del espectro.
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